Sin lugar a dudas, un aspecto fundamental en el mercado actual, es la correcta atención y el buen servicio al cliente. Todos tenemos algo para ofrecer y el simple hecho de forjar lazos de amistad en la vida diaria da paso a promocionarnos. Todo lo anterior debe verse dentro de un marco que respete la integridad humana, pues ninguna persona es un producto ni mucho menos.
Al estar trabajando
tenemos en muchos casos el contacto directo con el cliente, y el primer paso
para crear clientes fieles es dar una buena impresión.
La imagen
que se lleve el consumidor de parte de la persona que lo atendió es sumamente
importante, ya que el usuario creará una imagen general de la empresa (aunque
no siempre real), si la atención fue satisfactoria se tenderá a preferir la
empresa por encima de otras, y en gran cantidad de veces esto pasa simplemente
por la atención recibida, debido a que el cliente se siente importante y recibe
el trato que como persona se merece.
Ahora bien,
en este punto tal y cómo se discutió en clase nos preguntamos: ¿Tiene siempre
el cliente la razón? Pues no, si bien es cierto el ideal de atender a alguien
es proporcionarle la ayuda que necesita, evacuar las dudas, ofrecer ya sea el
producto o servicio deseado y satisfacer sus necesidades respecto a la empresa;
no siempre el consumidor tiene la razón y cuando los valores del trabajador se
ven agredidos por una persona externa no se debe dejar pasar esto por alto.
Algunos simples
consejos pueden evitar situaciones incómodas y además deleitar al cliente, independientemente
de quien sea, como por ejemplo: brindar un trato personalizado, mostrar siempre
amabilidad, ofrecer un ambiente agradable, ser efectivos y rápidos para tomar
decisiones, tratar dentro de lo posible de no dar un “no” como respuesta final
y por último tener seguridad en nosotros mismos.


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